miércoles, 29 de diciembre de 2010

Jugar con la arena, aprovechamos los ratitos de sol.

Me encanta ver jugar a Acher con la arena, aunque la nuestra no es fina como la de playa, disfruta muchísimo. Hoy hemos estado jugando en el arenero de casa. Hacía frío, pero se estaba de maravilla, se agradecían los rayos de sol que quedaban a las cinco de la tarde.



Sí, después de estar en el arenero hay que sacudirlo bien e incluso a veces cambiarle de pantalón y zapatillas, pero merece la pena.

Jugar con la arena les permite explorar nuevas sensaciones, resuelven pequeños problemas, aprenden cuestiones de causa y efecto, mejoran su coordinación motriz... Me gusta porque es una actividad al aire libre y en invierno, los ratitos de sol hay que aprovecharlos.

Cubo, pala, rastrillo... Quizás nos tendríamos que hacer con algún pequeño vehículo para jugar... Todo llegará.


Le gusta destrozar los castillos que hace mamá. Primero ve lo que ocurre cuando toca suavemente, le gusta sumergir los dedos en la arena y después...¡lo destroza del todo!

Al final, cuando se siente sucio, sale del arenero y observa sus manos. Él intenta limpiarse, pero quiere que se las limpiemos nosotros.


Tenemos al lado la mesa de arena y agua que le hizo mamá, aunque ahora en invierno el agua no la tenemos, con la regadera hacemos como si la tuviéramos. Regamos, trasladamos las piedras de un lado a otro, volvemos a jugar con la arena.


Una delicia verlo jugar y crecer día a día. Gracias Acher.

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