martes, 31 de mayo de 2011

Tras la tormenta viene la calma: de charcos, caracoles y huerto


Son las doce y cuarto de la noche. Josemi viene a dormir y yo me despierto después de haberme quedado dormida cuando dormía a Acher a las nueve de la noche. 

Me levanto porque me tengo que tomar el antibiótico, que todavía sigo arrastrando la neumonía, sigo de baja, aunque me encuentro mucho mejor. No encuentro el móvil. Busco y rebusco por todos los lados. Estrategia que nunca falla, llamada desde el fijo, con cuidado por si está en la habitación y despierto a Acher. Llamo y no se oye. Ya sé, está en el coche. 

Bajo al garaje y... ¡sorpresa!... Mira esta foto...


Cierra los ojos e imagínate esta caracolera (con unos cuantos caracoles más de los que veis en esta foto), encima de un coche, en un garaje. Todos los caracoles queriendo huir de la dichosa caracolera, dispersos y bien agarrados al coche... por el capó, las puertas, los bajos... Sí, sí, los caracoles son lentos pero persistentes y...¡querían escapar! ¡Pero qué asco me ha dado! ¿qué hago? Pues qué voy a hacer, paciencia y a coger uno a uno y volverlos a meter en la dichosa caracolera, cerrarla bien con una cuerda y volverla a dejar en su sitio. No hay foto, porque aunque soy una mujer a una cámara de fotos colgada, lo que menos me ha apetecido es ir a buscarla, claro está.

¿Y qué hacía allí una caracolera? ¿qué hago yo atrapando caracoles?

Pues esta mañana, conversando por teléfono con mi compi de trabajo Alfredo, hemos caído en la cuenta de que mi plantero de calabacines del huerto es devorado por los dichosos caracoles. Sí, sí...estos pequeños animalitos, con graciosos cuernos y que últimamente al aparecer en tantos cuentos de Acher, yo les había cogido mucho cariño.

Hasta hace unos meses me encantaba comer caracoles, aunque toda persona que me conoce se extraña... ¡me encantaban! Mi suegra cada ciertos meses, le daba a Josemi unos cuantos caracoles cocinados buenísimos, me los comía yo casi todos. Pero la última vez, nos envió los caracoles cocinados y un pequeño botecito con dos hojas dentro y dos caracoles para Acher. Esa tanda fui incapaz de comérmelos y desde entonces ya no los he probado, no puedo. Los dos caracoles del bote, salimos fuera, y los dejamos en el jardín...¡pobrecillos allí en un bote!

Pero claro, el huerto es el huerto y si lo que hacen es invadirlo... ¡pues fuera de allí!

Os pongo en situación.
Media tarde. Cae una buena tormenta, mucho viento y lluvia, algo más de una hora sin parar. Algo de granizo pero poco. Nuestra gotera del precioso techo de madera aparece... ¡otra vez se nos ha pasado poner la pintura impermeabilizante! ¡somos un desastre! lo apuntamos como tarea preferente para los días de sol. Nos aparece una gotera nueva, por el mismo motivo, esta viene de la terraza. Las tormentas las sufro. Josemi sale fuera a abrir un desagüe para que el agua corra más rápido, sube a la terraza para que no se estanque el agua, llueve muy fuerte. Yo pongo el cubo en la gotera, no cae mucho, pero lo suficiente para incordiar. Miro sin parar por la ventana. Hay una zona de nuestro terreno que es muy inestable y hace tres años en una tormenta se derrumbó... la mirada se nos va hacia allí por si le vuelve a pasar algo. Nos preocupa el huerto, el gallinero. Mientras tanto Acher empeñado en que abriéramos la ventana para ver llover...¡lo que faltaba, con la que estaba cayendo!

Uff, por fin parece que para de llover. Salimos fuera a investigar, ¿el gallinero se habrá inundado? ¡pobre huerto, habíamos puesto mucho plantero este fin de semana!...incluso esta mañana hemos terminado de poner algún pimiento. Bueno, todo bien, nada grave.

El huerto se ha quedado a nivel, eso sí, poco a poco habrá que ir dándole forma de nuevo.

El huerto antes de la tormenta...


El huerto después...


Una vez que todo estaba bien...nos hemos relajado y disfrutado de una bonita tarde... de esas frescas y con un buen olor a lluvia que me encantan.

Acher nos ha hecho recordar que necesita unas botas de agua... ¡ya! ¿Por qué? Se ha pegado todo el rato en dos bonitos charcos que se han hecho...¡como ha disfrutado!




Y mientras él disfrutaba con los charcos y tras la conversación mantenida por teléfono con Alfredo, me he dicho...¡uyyy, voy a ver si hay caracoles por la zona próxima al huerto!... que si había caracoles... ¡ay, qué inocente soy! Había a montones, montones y más montones.

Era el momento de estrenar una caracolera que compré hace cuatro años, capricho total en una feria artesana, me encantan estas cosas. No la habíamos ni estrenado, claro está.

Josemi, saca la caracolera que estos no se quedan aquí -le dije con voz indignada-. Luego ya veremos lo que hacemos con ellos. Despacito, despacito, anda que anda, como dicen los cuentos de caracoles, fui cogiendo uno a uno... ¡uyy, este qué gordo, este seguro que es el que más plantero ha comido de mis calabacines!

Acher también nos ayudó, aunque lo que más gracia le hacía era coger la caracolera. Eso de coger a estos animalitos que hemos saludado muchas mañanas parece que no le ha gustado mucho.


Tras nuestra captura de caracoles nos hemos dicho...¿qué hacemos? ¿salimos fuera y los soltamos? Pero como había tantos, tantos, tantos... y yo estaba indignada con ellos, hemos decidido que mañana Josemi se los llevaba a su madre. Seguramente lo habrán pagado justos por pecadores, lo siento, pero el huerto no se ataca.

Dimos un paseo familiar, incluido el gato que está sobre el tejado...
Y al entrar a casa, a las ocho de la tarde, Josemi dejó  la caracolera encima del coche.

17 comentarios:

  1. Que asco!! Se me han puesto los pelos de punta... Nunca he probado los caracoles y creo que no lo haré en la vida, no hay cosas mas asquerosa con la baba... y por todo el coche?? uf!!

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  2. ja,ja,ja, que historia!!!

    Yo no puedo con los caracoles, que asquito cocinados!!!, por libre no me dan nada ... en fin un dia entretenido.

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  3. Jaja, me he meado de la risa, que graciosa! Y oye un buen atracón con los caracoles, a mi sólo me gustan los que hacen en el Fetra y no me los como enteros, ni muchos, más el alioli que le ponen y chupar la cáscara que con el ajo tiene un sabor..., dejo siempre la tripa fuera, los guisados o con tomate ya no me molan, rarezas de una. Me alegro de que ya estés mejor y poco a poco, que la neumonía también es agotadora! Un besote guapa

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  4. Que envidia de huerto!!...y los charcos les encantan a los niños...(a mi tampoco me gustan los caracoles,que asco me dan!)

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  5. Pobre huerto inundado y atacado!...y lo bien que se lo habrá pasado Acher con el agua y los caracoles!!! Besos guapa.

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  6. Anda que no lo ha pasado bien Acher con los charcos¡¡ jajaja.. que historia mas bien contada. Y los caracoles que se escaparon por todo el coche¡ ...
    Yo tampoco como caracoles.. todos dicen que estan buenisimos, pero no puedo .. es superior a mi jaja.

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  7. jejejejeje justo iba a colgar unas fotos de mi nena saltando en els charcos!!
    a nosotros también nos encanta mirar los caracoles, tan bonitos, con sus cuernos, pero en mi terracita (un piso alto en medio de la ciudad!) tenemos unos caracoles que llegan a ser enoooooooormes y se lo zampan todo :-( (su comida preferida, mis lechugas :-S ) así que los cogemos y los soltamos en algún árbol de la calle o en el parque... Comérmelos nunca he sido capaz, si ni siquiera como carne!

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  8. ¡¡Qué bueno!! ¡¡Me ha encantado la historia!! Jajajajajaja.
    Un beso familia!

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  9. Buhalaaaa, menuda movida!!!
    Es lo que tiene vivir en el campo que no da tiempo a aburrirse y si que hay muchas cosas que te dan que pensar...
    Igual a Acher le gustan los caracoles de mayor y te ríes, ji, ji.

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  10. Qué historia y seguro que Acher se ha divertido mucho en los charcos, yo recién le compré sus botas de lluvia a mi pequeña y le han encantado.

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  11. Que buena historia, Acher se ve precioso con su caracolera por el caminito, me encantó la antepenúltima foto. Saludos!

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  12. Jajajaja genial!! Pues a mi me encantan los caracoles, cada vez que llueve estoy deseando ir al campo para recoger y hacer una gran olla. En mi casa cuando se cocinan caracoles nos juntamos 15 o 20...
    Acher se lo debe haber pasado genial saltando en los charcos. Qué gozada!

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  13. Ayssss como me he reído con vuestros comentarios, está claro que si hacemos una quedada la única que se comería los caracoles sería Ira... a las demás...¡menudo asco os dan!jeje Bueno, y Marta si se los hacemos a la brasa, no?

    Jo, he vuelto a leer la entrada y la verdad que ayer con los caracoles fue toda una aventura... lo que dan de sí esos bichos!

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  14. jajajajaj el coche cubierto de caracoles tuvo que ser flipante jajajaj. Me ha encantado como has contado todo el acontecimiento... que penita el huerto, y que lindo Acher y su pasión por los charcos!! Un besazo

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  15. Me ha encantado, pobre coche y me como a Acher con el carro por encima de los charcos :)
    http://avecesmujersiempremama.blogspot.com/

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  16. ...Me ha encantado la historia. Te cuento yo otra de caracoles!!!!
    A mi madre también le encantaban. Los cogía, los guisaba y se los comía como un auténtico tesoro. Hace año, yo y mi prima, unos 9 años. Mi prima se queda a dormir en casa. Había llovido. Mi madre coge caracoles y los deja por la noche, con un escurridor y un plato encima para que se limpien. Mi prima y yo, compartimos habitación, no dormimos...decidimos que pobres caracoles, que vamos a coger dos para hacer, a oscuras, en silencio, de noche, una carrera. Cada una tiene su caracol. Abrimos la caracolera pero no la cerramos. Nos metemos en nuestro cuarto -de noche- a jugar con los caracoles. Los caracolitos, claro, se escapan....por la mañana. Toda la cocina, parte del comedor lleno de caracoles. Mi madre -en un principio- piensa que han sido ellos mismos los que han dejado caer el plato. Ve mi cara y la de mi prima. Nos regaña. Nos hace recoger a nosotras los caracoles. Durante varios días aparecían caracoles en los sitios más raros.......
    Pilar

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    Respuestas
    1. Pilar, es bueníiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisima!! Jajajaj

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