jueves, 16 de febrero de 2012

La percepción del riesgo en las acciones de nuestros hijos/as

Esta noche me he desvelado a media noche, me quedé dormida con Acher pronto, y claro, cuando me desperté a las dos de la mañana ya llevaba un buen rato en posición horizontal, me ha costado dormirme de nuevo casi tres horas. Mientras tanto mi loca cabeza ha viajado de aquí para allá y en uno de esos viajes ha llegado a los comentarios que dejasteis ayer en la entrada de "yo solo mamá".

Mi madre es fiel seguidora de este blog, y aunque no deja los comentarios públicamente, lo hace prácticamente a diario en mi correo electrónico, y sus primeras palabras respecto a la entrada de ayer fueron... ¡qué "repelus" me ha dado ver a Acher con la tijera"! A partir de aquí comienza mi reflexión. 

En la etapa en la que nuestros hijos/as empiezan a querer hacer las cosas solos hay un aspecto fundamental que nos hace actuar de una forma u otra, estoy hablando de la percepción del riesgo, totalmente subjetivo para cada uno de nosotros/as y para cada uno de nuestros hijos/as. Y este riesgo puede ser directo para nuestro propio hijo/a o hacia los materiales que manipula. Evidentemente la percepción del riesgo es algo que todos nosotros/as a diario y sin prácticamente darnos cuenta utilizamos cuando conducimos, cuando emprendemos un negocio, cuando decidimos lanzarnos al río a hacer un barranco, cuando decidimos viajar solos y sin rumbo, cuando, cuando y cuando.

Me gustaría explicarlo con diferentes situaciones vividas en esta familia, pero seguro que vosotras podéis contribuir con otras similares o muy diferentes. Porque además del tiempo, paciencia y confianza creo que es importante que cada uno de nosotros sepamos como actuamos con nuestros hijos según la percepción que tenemos del riesgo de las acciones que emprende.

Empezaré por la situación 1, la de la entrada de ayer.

Situación 1: Acher tiene dos años y medio, está jugando y ve que tiene una uña un poco rota y me lo dice. Yo le digo, vamos al baño y la cortamos. Llegamos allí y él decidido abre el cajón y coge la tijera. Le digo dámela que te la corto... "no yo solo, yo solo"... "vale, córtala tú".

Es una tijera pequeña de uñas, punta redonda, el dominio que tiene Acher con la tijera es muy justo, pero los movimientos que veo que hace son pequeños y precisos, se aproxima al dedo lo justo y necesario.

Mamá le dice... "hazlo despacito que así lo harás mejor"... ¡para qué hablará mi madre! estará pensando Acher, si no me ha dicho nada importante, ya lo estaba haciendo yo.

Acher no se corta las uñas solo, no sabría, pero él quiere intentarlo. La percepción del riesgo que él tiene es poca, ya que esa tijera corta poco, las que tiene de manualidades cortan mucho más; pero aún así sabe que cortan y por eso él ajusta sus movimientos. Él se ha atrevido a hacerlo por sí solo porque confía en lo que hace.

Mamá esa tarde tiene todo el tiempo del mundo para él y sí, confío mucho en lo que hace, sé que suele ser un niño muy precavido. La percepción del riesgo de esta acción para mí fue muy poca, con esa tijera lo máximo que se podría hacer es un pequeño rasguño y nada más. Si hubiera sido mi tijera de uñas, la percepción del riesgo hubiera sido mayor y quizás no se la hubiera dejado.

Aquí cada una de nosotras al ver las imágenes o en nuestra vida cotidiana tenemos percepciones de riesgo diferentes que hacen que actuemos de una forma u otra, y así también nuestros propios hijos/as. Aquí el riesgo recae directamente en nuestro propio hijo/a y por eso las percepciones son todavía más diferenciadas.

Claro, parto de una situación en la que mamá tiene tiene tiempo y mucha paciencia, porque si esta situación se da en una familia con muchos hijos, o un día de los que entro pronto a trabajar, o justo en el momento en que vamos a salir de compras y vamos con el tiempo justo... quizás no podamos ni valorar la percepción del riesgo, su iniciativa se ve frustrada de inmediato... ¡cuántas veces me ha pasado a mí misma como mamá! "No cariño, ahora no es momento de que te cortes las uñas, te la corto yo rápido y nos vamos".

Ejemplos similares a la situación 1 para un niño/a de edad similar a Acher: 

1.a.) Estamos en el parque y quiere subir por una torre de escaleras muy alta, él o ella empieza a subir y subir..., le ofrecéis ayuda pero lo quiere hacer solo/a... ¿hasta dónde le dejamos?
1.b.) Le encanta saltar desde bordillos, bancos..., le ofrecéis darle la mano para estar más seguras, pero lo quiere hacer sólo/a ¿llega una altura determinada desde la cual no le dejáis saltar?
1.c.) Estamos en la cocina y quiere utilizar el tostador, lo quiere hacer él solo después de hacerlo muchas veces con vosotras, ¿le dejáis?
1.d.) Tenemos una litera en la habitación, ¿le permitís que suba a la litera de arriba?
1.e.) Vuestro hijo domina ir en bicicleta o triciclo y se quiere tirar por una rampa larga y pronunciada, y lo quieren hacer solo... ¿cómo actuamos?
1.f.) Vuestro hijo quiere utilizar él solo un martillo...¡upssss!

A mí no se me han dado todas las situaciones anteriores, pero me gusta ponerme en ese momento para pensar cuál es mi percepción del riesgo. Yo, por lo general, suelo dejarle actuar, aunque siempre estando muy cerca y estableciendo muy bien los límites.

Por ejemplo, sí que tenemos litera en la habitación y le encanta subir arriba, pero de momento sabe que lo puede hacer si está papá o mamá delante, lo hace solo, como él quiere, pero con nosotros delante. Lo respeta al máximo, siempre que quiere subir nos avisa.

Otros niños cuya percepción del riesgo es menor, seguro que intentan acciones más arriesgadas, desde mi punto de vista, que las anteriores... andar por un paso estrecho en equilibrio desde una altura determinada, usar la sartén ellos solos, tirarse al agua sin saber nadar... Aquí depende de la edad de nuestros hijos/as, claro está.

Situación 2:

En casa hace meses que Acher come con la misma vajilla que nosotros, excepto algún día que quiere coger la suya de plástico. Llega el momento de llevar el plato o la taza a la fregadera y Acher lo quiere hacer solo. ¿Cuál es el riesgo que hay? Pues para mí el único que hay es que se caiga la taza o plato y se rompa... ¿es tan grave? ¡Para mí no, siempre y cuando tenga tiempo! Yo confío en que no se le va a caer y la percepción del riesgo que hay si eso ocurre es mínimo... ¿por qué no dejarle hacerlo cuando él quiera? Pero no todas y todos tenemos esa percepción del riesgo para la misma acción, ¿verdad?

Aquí hay muchos ejemplos de situaciones similares: nos quiere ayudar a recoger la compra y coge algo que se puede romper, quiere utilizar él solo el exprimidor, quiere utilizar solo el destornillador eléctrico, coge el cubo de la fregona lleno de agua para fregar él solo, etc.

En estos ejemplos el único riesgo que hay es material: que se rompa, que se ensucie, que se llene todo de agua... ¿cuál es nuestro límite?

A partir de esta reflexión pienso que es interesante que cada uno/a de nosotros valoremos cuál es la influencia, que casi de forma inconsciente y natural, tenemos hacia nuestros hijos/as en la forma de actuar. Muchas veces es algo intrínseco a nuestra personalidad, a nuestra forma de ser, a nuestra forma de ver el mundo durante muchos, muchos años. Quizás no podamos o queramos cambiar, o sí, nunca se sabe. Cada uno tendremos nuestra opinión, pensaremos que es más o menos importante, pero lo que está claro es que nuestros hijos tendrán más iniciativas y más experiencias, pero más aún, más confianza en ellos mismo, siempre y cuando les permitamos actuar en las acciones que ellos emprenden.

Para acabar, y espero no tener muchas más noches como estas en las que la cabeza me da vueltas para no mataros con textos como este, me gustaría hacer un símil en nuestra vida de adultos.

Después de pensarte mucho si vas a un viaje largo y lejano con tus hijos pequeños (y valorar los riesgos que tienes) decides que sí, que vas y lo empiezas a contar a tu familia y amigos y todas las respuestas son del tipo: es peligroso, los niños se van a aburrir, sólo pensáis en vosotros y no en vuestros hijos... Por muy fuerte que seas, al final te crea inseguridad... ¿Acaso no confían en mí?

Vas a emprender un negocio, has hecho tu estudio de viabilidad y tienes claro que va a funcionar, tu percepción del riesgo la tienes clara. Pero en cuanto lo cuentas a tu familia lo que vas a hacer te dicen: no es un buen momento, las cosas están muy mal, tendrás que trabajar mucho... ¿No confían en mis capacidades?

Mi opción si ante mis acciones veo que nunca se confía ¿cuál sería?... ¡hacerlo sin contar con su opinión! ¡hacerlo a escondidas! A mí me gusta que confíen en mí, ¿y a ti?

¡Gracias mamá y papá por confiar siempre en mí! Siempre me he sentido prácticamente libre en mis acciones y decisiones. Gracias por hacerme segura y tener confianza en mí misma, sin daros cuenta, de forma natural e instintiva.

19 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho tu reflexion de hoy, las noches en vela siempre son fructiferas para estas cosas, jeje.

    Yo tengo que confesar que soy bastante echa-pa-lante. Mi percepcion del riesgo es minima y por eso me embarco en cada lio qu eno veas. Pero no dejo de hacerlo por eso, me gusta porque me ha dado oportunidad de vivir cosas increibles. Asi que no escucho mucho lo que me dicen los demas u actuo segun mis propios instintos.

    Lo malo de esto es con los niños, que quiza no les limito tanto como deberia y al final lo pagan ellos con algun golpe que se dan porque no les prohibi que se subieran a esa silla, o que jugaran con la escoba o lo que sea. Y el problema mayor es que mi marido tiene una percepcion del riesgo mayor a la mia, que es problema por el lado de las discusiones pro el tema y es beneficio por el lado de que nos equilibramos entre nosotros. Lo que pasa que se pasa el dia diciendome, mira ese niño que se ha subido a la mesa!! y yo con voz de pensar "pesaaaadoooo" le digo "si se ha subido 5 veces hoy! ya lo tiene dominado...". Asi que les suelo dejar bastante libertad exploradora y solo les prohibo algo si es realmente peligroso o sucio (como la mania de abrir el cubo de la basura para explorar dentro).

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  2. Que profunda reflexión, y el pararnos a pensar lo necesario que es que los demás confíen en nosotr@s.
    Esta claro que transmitimos cosas a nuestros hijos con nuestro comportamiento, y una de ellas son las actitudes.
    Podemos crear, sin pretenderlo, niños inseguros ante sus propias capacidades, que no confían en si mismos ni están convencidos de poder hacer bien las cosas. Eso si tenemos los adultos/padres mucho miedo ante las situaciones nuevas.
    Lo suyo seria intentar encontrar un equilibrio entre ser precavid@s y confiar.

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  3. Me ha gustado mucho tu reflexión...
    Yo en la entrada de ayer, no opine, porque no tengo hijos, y hay veces no se muy bien que decir...
    Pero yo no vi riesgo, porque he visto más fotos de Acher cortando con tijeras, que aunque no tenga el dominio de un adulto, tiene mucho más que otros niños de su edad o mayores (por ejemplo mi sobrino, que tiene 3 y medio)...
    Y no estaba el solo con las tijeras, estabas tu ahi supervisando...
    Un beso

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  4. En mi caso no tengo la suerte de decir que me hicieron segura porque confiaron siempre en mí, sinó porque tengo una fuerte personalidad y tengo muy claro lo que quiero. En casa, como ya comenté en la otra entrada, eran de no hagas esto que te caerás, no cojas eso que se romperá... no estudies eso que no lo acabarás... menos mal que no les hice caso en muchas cosas, jejeje. Antes esto yo tenía dos opciones, continuar con la actitud sobreproteccionista-negativa, o dejar hacer. Y me incliné por la segunda, porque al igual que Acher, Nur es un niño muy sensato que nunca le ha dado por lanzarse escaleras abajo, ni tirarse de demasiado alto, ni lanzar objetos frágiles... así que supongo que si hubiese sido de otra manera, tal vez mi percepción del riesgo sería diferente.

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  5. Me ha encantado tu entrada, mucho mucho... Te cuento un poco nuestra actitud con algunos ejemplos:

    - A Abril le encanta subirte a la silla suya y ponerse de pie, le gusta mucho y lo intenta desde siempre. Yo la dejo, estoy pendiente, a una distancia que me permita cogerla si se cae, le voy diciendo "amor con cuidadito, despacio" "te ayudo??". Cuando no sabia bajarse, despues de ponerse en pie y alzar los brazos como si hubiera ganado el tour de francia, nos llamaba "mamaaaa!!" y me pedia con gestos que la ayudara a bajar.

    - Con los cubiertos nuestros. Usamos cuchillos que no son de sierra, cortan pero no demasiado y tienes la punta redonda, los coge algunas veces, le dejo, que lo mire que lo coja, y le voy diciendo "Abril es un cuchillo, sirve para cortar, hay que tener cuidado..." cuando le da dos vueltas lo suelta aburrida.

    - Ahora parece que ha pasado un poco esa etapa pero le encantaba meterse cosas en la boca, le dejaba, siempre y cuando no fueran cosas que realmente fueran un peligro, le dejaba, chupaba la tiza por ejemplo veía que no le gusta, pues ya no la chupaba más...

    Creo que con supervision y con paciencia se les puede dejar experimentar, que aprendan, que se equivoquen..

    No se si me he explicado bien. En fin muchas gracias por enseñarme tantas cosas Inma. Un besito

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  6. Ay! esas eternas noches de insomnio, (teniendo insomnio desde bebé), como te entiendo. La próxima vez te aconsejo que cierres los ojos e intentes relajarte aunque no duermas, pero puestos a machacarnos las neuronas ha sido un tema interesante.

    Estoy de acuerdo en muchas cosas contigo, la libertad que se nos ha dado de niños condiciona en una gran parte nuestra actuación. Nuestra personalidad es la que condiciona la otra parte. He dicho sólo que la condiciona, ya que en algunas personas puede pasar que su experiencia personal haya sido negativa pero su espiritu interno es positivo y en lugar de copiar los arquetipos recibidos (cosa muy común) lo que hacen es lo contrario, corregirlos. Es decir, no se les ha enseñado como educar a un niño, se les ha enseñado como no se debe educar a un niño, tristemente este fue mi caso en muchos aspectos.

    Por ejemplo, mi madre nunca me dejaba ir de excursión con el cole porque había perdido mucho antes de nacer yo otro hijo al poco de nacer y no quería que a mi me pasara nada. Consecuencia, ese día toda el aula se iba y yo quedaba sola con alguien que me vigilaba (que maldita gracia le hacía) o en el mejor de los casos estaba sentada al final de otra clase en una silla haciendo otras cosas. Para colmo al día siguiente todos venian contado lo que había pasado y en ocasiones los profes habían hecho fotos y luego las ponian en un mural, pero como mamá no queria que se firmara la autorización yo era la paria del grupo. Esta situación no se modificó hasta aproximadamente los 14 años, casi nada. Yo considero que mis hijos tienen todo el derecho del mundo a ir de excursión y si mamá pasa pena es su problema, que no es el caso pero si no confio en la profesora mejor cambio al niño de colegio. Un niño tiene todo el derecho a poder hacer las actividades de clase que hagan los otros niños si no hay una fuerza mayor que lo impide y en el concepto de fuerza mayor no incluyo el miedo de una madre para que el niño evolucione y se relacione siempre que haya unas garantias razonables.

    Segundo, es muy cierto que cada niño tiene un sentido del peligro diferente. Algunos no se atreven a bajar un escalón si no les das la mano. En el otro extremo estuvo mi mayor que con diagnostico médico de "muy, muy, muy pero que muy hiperactivo", fue un comando suicida que por ejemplo, abria las ventanas y quería saltar por ellas. Evidentemente puse candados en todas las ventanas de la casa hasta que se le fue la idea y le hemos controlado la hiperactividad (aunque los candados aún están pero sin cerrar). Por unos problemas médicos, él no percibia ni tenía conciencia del peligro ni el vertigo ni la altura... Sin embargo, su hermano me ha salido también un escalador nato (sin hiperactividad) que el mundo le será pequeño y los Anapurnas su objetivo antes de los 15, fijo. Pero cuando ve que algo que no lo tiene muy claro y percibe el peligro te llama para que el helicoptero de rescate recoja de la cumbre al pequeño cherpa antes de que este sea aplastado por un alud.

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  7. (Sorry, pero sigo)

    El mayor es también un cocinero nato por excelencia que con cinco años cortaba y rebozaba nuggets, yo intentaba que se acercara lo menos posible al fuego pero te lo preparaba todo y la parte de poner el pollo en la sartén era cosa mia, eso sí, el tio sobre una silla al lado mirando y que conste que entonces no tenía vitrocerámica. Con ocho años ya cortaba verdura con una habilidad que ya la quisieran para si muchas muchachas recien emancipadas de hoy en día. A mi de pequeña no me dejaban acercarme a los fogones, pero mi padre me enseñó a manejar una sierra, un martillo, un taladro, destornilladores, alicates... vamos que en casa la manitas soy yo y mi marido no se acerca al serrucho para nada. Evidentemente, el primer dia no me dieron un clavo y un martillo y me dijeron venga nena dale bien fuerte. Primero me enseñaron a coger casa cosa por separado y luego poco a poco vamos a introducirnos en el arte de martillear sin peligro.

    Poco a poco hay que ir aprendiendo las cosas, hay que saber controlar el peligro de cada niño, su potencial suicida y el aguante del sistema nervioso materno-paternal y a partir de allí hay que aprender, manchandose, mojardose y de tanto en tanto machacandose un dedo.

    Tengo que reconocer en el fondo que le he sacado más provecho en la vida a saber manejar el martillo que no en saber como se saca una derivada o acordarme de todas las valencias de la tabla periodica, sin desmerecer para nada a los de ciencias. Tampoco nunca me ha importado mucho saber que para que un tren que va en un sentido, se la pege con otro que viene en sentido contrario se necesita una hora o una hora y media. Pero si que me vino muy bien saber que cuando el agua empieza a hervir se pone el huevo dentro y se deja exactamente cinco minutos, te sale un huevo pasado por agua perfecto que me ha salvado muchas cenas.

    Perdón por la extensión, pero como te he dicho al principio yo también tengo mucho insomnio. Un beso desde Mallorca
    Laura

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  8. No me da tiempo d eleerlo todo, pero si que recomiendo un libro que es muy bueno y aclara mucho este tema, recomiendo leerlo durante el embarazo y luego no está de más releerlo cuando el peque empieza a andar. El concepto del continuum
    http://www.obstare.com/FichaArticulo~x~El-Concepto-del-Continuum~IDArticulo~8~IDDetalleCatalogo~.html

    la parte del desarrollo y las experiencias esenciales es muy interesante, bueno todo el libro, pero para el tema que tratáis en este post. El niño debe experimentar, ha y que darle libertad pero desde siempre, no sobreprtegerle, también hay que tener cuidado.
    Por ejemplo mi peque de dos años y medio coge las tijeras pequeñas sin problema, aunque todavía no las usa correctamente. Si empieza a correr con ellas en la mano aunque no tienen puntas pues se las quito, el sabe que no se puede correr con ese tipo de utensilios en la mano. Mi hijo mayor con 3 y medio se empeño en cortar cartón con unas tijeras grandes, de costura, yo le dije que no, él insistió, yo no estaba segura y finalmente se corto. En ese caso no tenía que haber dudado y le tenía que haber dicho que no el riesgo era alto. eso si desde entonces el pobre corta con sumo cuidado.
    la percepción de riesgo es importante pero no siempre coincide la de la madre con la del niño y viceversa.

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  9. Muy buen tema y si te soy sincera, me esperaba una entrada así, porque ayer yo misma sentí miedo al ver las manitas de Acher con las tijeras pero pensé que, si tú como madre le habías dejado hacerlo solo, tus motivos tendrías (como estar segura de que esas tijeras no tienen peligro, por ejemplo).

    Me has recordado además a una cosa que hacía cuando tenía 12-13 años. Solía ir mucho en patines por la calle, cerca de mi casa, y había una rampa por la que me encantaba tirarme, el problema era que al final de la rampa estaba la carretera y no podía verla porque el edificio me cubría, entonces normalmente me fiaba de mi oído: Si no escuchaba coches me tiraba, sino esperaba hasta que pasara el coche jajaja.

    Ahora me río, pero cuando miro atrás y me doy cuenta del peligro que corría ¡Si mi madre se enterase!.

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  10. Inma, es una buena entrada, o has explicado muy bien, no es fácil explicar algunas cosas con palabras y lo has conseguido. Creo que esto del peligro es como el frío,ese dicho que mi padre dice mucho "un jersey es algo que una madre pone a su hijo cuando ella tiene frío", pues el peligro es similar, uno lo ve peligroso, otro no tiene esa percepción, a veces el riesgo como bien dices es sólo material y entonces, si te puedes permitir comprar una taza, ¿qué importa?
    Tienes toda la razón.

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  11. Me ha gustado tu entrada de hoy, el riesgo es el que tu veas, pero hay que dejarlos hacerse independientes y dejarlos que rompas las cosas o que tengan frío...te doy la razón, de verdad.

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  12. niño deja ya de joder con la pelota! niño que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca (Joan Manuel Serrat)

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  13. Tienes razón, ¿sabes lo que pensé yo al verlo con las tijeras? En el trasquilón de flequillo je je y en algún incidente más con tijeras porque con tres peques es muy difícil mantener las peligrosas fuera del alcance de la peque, pero es verdad que hay que darles autonomía para que crezcan seguros y con buena autoestima

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  14. Uau!!!
    Felicidades a tu madre... Me suena que en algún post (ya lejano) ya hicimos mención de ella (creo que cuando hablaba por teléfono con Acher;)...
    y a tí... que no permites que tus propios miedos (que haberlos, haylos,... no? ;)
    frenen la libertad, el aprendizaje, el crecimiento... de tu niño ;)
    Un besito Inma! ;)

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  15. Buena reflexión. Encontrar el equilibrio entre protegerles y dejarles experimentar es difícil.

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  16. Me ha parecido muy interesante lo que dices, además de cómo lo vas planteando. Esto de las percepciones son todo un tema Inma, porque cada persona es distinta y por lo mismo siente, piensa y actua de maneras diferentes a otras.Pero tu has dado en la clave: siempre acompañarlos en situaciones de riesgo, establecer límites y mostrar confianza.Esto de ser papas es también un aprendizaje constante; aprenden nuestros pequeños y aprendemos nosotros. Que bueno que nunca pierdas tu libertad de elegir tu manera de ser, de transmitirle confianza a Acher y que él crezca cada día confiado en él mismo y en su familia. Saludos.

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  17. Hola Inma! te escribo desde Perú y me encanta tu blog...desde que lo encontré buscando ideas para hacer actividades con mi pequeña Valentina no dejo de visitarte, te cuento que hasta un día casi me amanesco leyendo cada post que has publicado y apuntando ideas de las actividades...ya hemos hecho algunas y a mi osita les ha encantado :)
    Mi pequeña tiene 2 años y 8 meses y desde pequeñita la he dejado que explore y experimente con su entorno, claro está siempre hablándole de los peligros que pueda encontrar en el camino...por eso cuando ella me pide que la deje hacer algo sola yo la dejo pero siempre yo a su lado pero no para decirle "no lo hagas" sino para darle mi ayuda si lo necesita...gracias a esto ella vive muy segura y me da confianza :)

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  18. Me encanta tu entrada, porque me preocupa mucho darle confianza al peque, es algo que yo no tuve, y es dificil no volver a hacer lo mismo con lo que te han educado...
    No me quiero estender mucho, solo decirte que si te soy sincera a mi me llamó mas la atención la precisión al cortarse la uña que el peligro en sí, vi que era una tijera pequeña y de punta redonda...vamos, peligro cero...

    Yo le dejo poner la mesa con la vajilla normal, no me importa que se rompa, le dejo usar la tostadora, el exprimidor...son cosas que se me ocurren de lo que has puesto, pero con lo que no puedo es con las cosas fisicas, me supera...y ahi estoy siempre...cuidado, cuidado...porque no tendré un botón de off...

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  19. Muy buena refleión y cómo cuesta cambiar el chip cuando contigo no han tenido paciencia, y no te han dado ni tiempo ni confianza.
    Un abrazo!

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